Música del mes.

Mes de julio
"The origin of Fire"
(Music and visions of Hildegard von Bingen). Anonymous 4.

miércoles 6 de mayo de 2009

El papel de la mujer en las órdenes militares. Caballería "de salón".

Lo prometido es deuda, y hablaremos aquí del papel que jugaron las damas de la Edad Media en su relación con el mundo de la caballería. Para comenzar, conviene decir que durante la Edad Media no existió ninguna equivalencia en femenino a lo que suponía el miles christi o caballero. El universo caballeresco era un terreno acotado a los varones y sólo raras excepciones pudieron saltarse el papel asignado a las mujeres. Recuérdese el caso de Juana de Arco, que acabó pagando cara su "intromisión" en el escenario militar. La Virgo Bellatrix de los clásicos, esa doncella guerrera cantada en odas y poemas, era causa de escándalo en la sociedad medieval.

A partir del s. XII el universo masculino de las órdenes de caballería se fue abriendo, siempre con carácter excepcional, a la participación de las mujeres. Pero era una participación más en el ámbito asistencial que en el de las atribuciones guerreras. Las mujeres tenían limitado su papel en las órdenes a las tareas de educación, asistencia a los enfermos y hospitalidad.
Las 'cortes de amor' presididas por damas nobles, princesas y reinas eran el equivalente femenino a las órdenes de caballería. Miniatura alegórica de 'Le roman de la rose' (s. XIV)

Incluso las damas de la alta nobleza veían limitada su actividad a la creación de una especie de caballería femenina paralela, las llamadas "cortes de amor", como las que mantuvieron Leonor de Aquitania, la condesa de Champagne o Ermengarda de Narbona. Estas cortes de amor se regían por una serie de ordenanzas y leyes bastantes distantes de los códigos que regulaban la caballería masculina. Las ordenanzas eran una serie de normas que regulaban el comportamiento de los miembros de la citada corte: no divulgar los secretos de los amantes, mostrar siempre cortesía, renegar de los celos y de la lujuria... A eso se podía añadir cualquier norma producto del capricho de la dama que presidía la corte, y que los caballeros que querían pertenecer a ella debían respetar. Era una caballería, diríamos, de salón. La interrelación con el mundo trovadoresco y del amor cortés es evidente.

Pero incluso en este escenario, sí existieron órdenes exclusivamente femeninas, si bien es cierto que como producto de hechos singulares. La Orden de las Damas de Tortosa o del Hacha fue fundada en 1149 por Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, como tributo a las mujeres que contribuyeron a la conquista de la ciudad de Tortosa.

La Orden de las Damas de la Banda fue creada por Juan I de Castilla en 1387 con el fin de honrar la memoria de las mujeres que ayudaron a la defensa de Palencia en el asedio a que se vio sometida por las tropas inglesas. Concedió a las mujeres nobles palentinas el privilegio de llevar la banda dorada "como la traían los caballeros de la Orden de la Banda", creada por Alfonso XI en 1332.

En el s. XVII se crearon en el centro y norte de Europa varias órdenes femeninas con un marcado sentido religioso y carácter nobiliario, como la Orden de la Cabeza de Muerto, la Orden del Amaranta, la Orden de las Damas Esclavas de la Virtud, la Orden de las Damas para Honrar a la Cruz y la Orden del Amor al Prójimo. Y hay que irse ya hasta Carlos IV, en el s. XVIII, para encontrar en España la Real Orden de Damas Nobles de María Luisa, creada para recompensar a las damas nobilis que hubieran prestado importantes servicios a la corona. La reina de España ejercía de Gran Maestre. Pero esa es otra historia, que queda fuera de nuestro ámbito.

Sala de un hospital. Miniatura del códice 2470 de la Biblioteca Laurenziana de FlorenciaVolviendo a las labores de las damas en las órdenes militares medievales, su concurso fue fundamental en la atención a los enfermos y cuidado de peregrinos. Para ello se crearon instituciones y comunidades de mujeres con las mismas reglas y patronato que las instituciones masculinas a las que estaban adscritas. Por ejemplo, las Hermanas del Hospital de San Lázaro, dependiente de la Orden de los Caballeros de San Lázaro, cuya misión era atender a los guerreros heridos y que con el tiempo se acabó ocupando de los leprosos -de ahi deriva la palabra "lazareto" para designar una leprosería-, de los enfermos de la piel y del "mal francés".

'Mujer velando a un enfermo'. Miniatura del manuscrito medieval 'The Four Temperaments'Las Hermanas Sanjuanistas u Orden de las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Jerusalén estaban afiliadas a la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Esta orden, fundada en el hospital de Santa María Magdalena en Jerusalén, atendía al principio a los cuidados de los peregrinos. Se establecieron en España en 1188, en el cenobio de Sijena, fundado por la reina doña Sancha y, posteriormente, en San Carlos de la Rápita. Dedicaban la mayor parte de sus esfuerzos al cuidado de jóvenes de origen noble.

Otras órdenes masculinas, como la Orden de Santiago, de la que hablamos en el apunte anterior, admitieron desde el principio a las mujeres, ya que sus integrantes se podían casar. La labor de las damas de la orden, que debían ser de noble condición y acreditar su limpieza de sangre con el correspondiente expediente, se limitaba a la tarea de educar a los hijos de los caballeros. No obstante, excepcionalmente alguna llegó a estar al frente de alguna encomienda. Eran, evidentemente, otros tiempos.

viernes 1 de mayo de 2009

Las Órdenes Militares en la Península. Una Cruzada propia.

Crónica de Don Álvaro de Luna. Portada de la edición impresa en Milán en 1546. Álvaro de Luna fue Gran Maestre de la Orden de Santiago.Hasta mediados del s. XII no hubo en la Península Ibérica órdenes militares propiamente dichas. En aquella época las grandes órdenes de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y de los Templarios estaban en pleno apogeo en Europa, y combatían en las Cruzadas al lado de la nobleza del viejo continente.

En el suelo hispano, la invasión árabe avanzaba y las órdenes existentes abandonaban las plazas a ellos encomendadas al mismo ritmo. Para paliar ese déficit, los monarcas peninsulares no tuvieron más remedio que recurrir a voluntarios, instaurar órdenes militares propias a las que se asignaba la defensa de plazas fuertes fronterizas y territorios de la "extremadura". Los caballeros que se integraban en una orden militar seguían generalmente una regla monástica, y cumplían el arquetipo de monje soldado: mitad militar, mitad religioso.

Con el tiempo dichas órdenes militares fueron ganando prestigio y poder; sus Maestres y dignatarios eran nobles muy influyentes y los reyes no tuvieron otra alternativa que ir "recuperando" las órdenes militares, privándolas de sus privilegios para hacerlas depender de la Corona.

Enseña de la Orden de Calatrava.Hubo bastantes órdenes militares en la Península, algunas poco conocidas. Una de las más famosas fue la Orden de Calatrava, fundada por Ramón Sierra, abad de Santa María de Fitero, en Navarra. Éste acudió a la llamada de Sancho III de Castilla para defender la plaza de Calatrava, que había sido devuelta sin defensa a la corona por los Templarios. En 1164 veinte mil caballeros que constituían la guarnición juraron seguir la regla cisterciense. De este modo nació la Orden de Calatrava, reconocida por el Papa el mismo año. Ayudó mucho en la reconquista, con las tomas de Cuenca y Alcañiz. En 1254, ante la importancia cobrada por la orden, el rey impuso su intervención en la designación de los Grandes Maestres. En 1476 ya tenía un control total sobre la misma, y en 1494 los Reyes Católicos la disolveron, aprovechando que se había autorizado a los cofrades a casarse. Los caballeros de Calatrava llevaban un manto blanco con capucha, sin signo en la vestimenta, excepto la armadura negra. En 1397 se les autorizó para ostentar una cruz roja flordelisada. A partir de 1400 los caballeros llevaron una túnica negra con la cruz de la orden en el lado izquierdo del pecho.

Enseña de la Orden de Santiago.La Orden de Santiago fue fundada en 1158 por 13 caballeros que defendían en tierras de Cáceres la ruta de los peregrinos hacia Compostela, y en sus orígenes se llamaron "Caballeros de Cáceres". En 1172 se integró en ella la Orden de Ávila. Los caballeros monjes observaban la regla de San Agustín. En 1175 el papa Alejandro III la consagró como Orden de Caballería de Santiago. Religiosa ante todo, los cofrades estaban obligados a asistir a misa, observar la cuaresma, comulgar, etc. pero, a diferencia de otras órdenes, podían casarse y conservar sus posesiones. En compensación, a su muerte los bienes pasaban a la Orden, que debía ocuparse de las necesidades de las familias. No tenían obligado el voto de castidad, aunque sí recomendado el celibato.

Enseña de la Orden de Alcántara.En 1166 los hermanos Suero y Gome Fernández Barrientes fundaron la Orden de San Julián de Pereiro, reconocida por el papado en 1183. En 1187 pasó a depender de la de Calatrava, conservando su propio Maestre. En 1218 recobró su independencia y se convirtió en la Orden de las Caballeros de Alcántara. La corona la "recuperó" en 1494.

Caballeros portugueses formaron la Orden de Palmela, marcada por un gran número de hechos de armas. Una escisión de la misma fue la Orden de São Thiago. Esta orden fue muy influyente y poderosa; a partir del s. XIII se impuso la necesidad de ser noble para ingresar en la misma, y por ello el rey intervenía directamente en la elección de los oficiales y "proponía" a sus favoritos para el cargo de Gran Maestre. A partir de 1485 la orden perdió toda independencia en favor de la corona.

Enseña de la Orden de Nuestra Señora de Montjoie.La Orden de los Caballeros de Nuestra Señora de Montjoie fue una de las pocas que vio la luz en Tierra Santa, hacia 1176. Fue obra del conde Rodrigo, antiguo fundador de la Orden de Santiago, que había recibido del rey de Jerusalén posesiones en Tierra Santa, entre ellas el castillo de Montjoie, en una de las colinas de Jerusalén. La orden fue reconocida por el Papa en 1180 y seguía la regla del Cister. Pretendía aglutinar varias naciones, pero fracasó y se retiró a Aragón, donde tomó el nombre de Orden de Trufac. En 1221 se integró en la Orden de Caltrava por decisión de Fernando de Aragón.

Escudo de la Orden de Nuestra Señora de la Merced.De Aragón era originaria la Orden de la Merced, fundada por Pedro Nolasco, cuyo objetivo era hacer entrega de sus cofrades a los moros a cambio de prisioneros cristianos, sin pedir rescate. Jugó un importante papel en la conquista de Menorca y Mallorca, en 1229 y 1238.

Enseña de la Orden de los Caballeros de Cristo.Dionisio I de Portugal fundó en 1318 la Orden de los Caballeros de Cristo, tras la disolución de los Templarios en 1312, para ayudar al rey en la lucha contra los moros. Enrique el Navegante fue Gran Maestre de la orden a principios del s. XV, y Vasco de Gama fue caballero de la misma. Cuando a principios del s. XVI se autorizó a los cofrades a casarse y a renunciar al voto de pobreza, la orden desapareció.

Enseña de los Cofrades de Santa María de Évora.Otra orden portuguesa fue la formada en 1162 por caballeros conocidos como Hermanos de Évora o Cofrades de Santa María de Évora. Alfonso I Henriques la convirtió en orden religiosa con regla benedictina. Posteriormente se transformó en la Orden de Aviz y, como casi todas las órdenes, comenzó su decadencia cuando se autorizó a los cofrades a casarse, en 1496.

Enseña de la Orden de Nuestra Señora de Montesa.Por último, en Aragón también nació hacia 1326 la Orden de Nuestra Señora de Montesa, constituida en su origen por caballeros de Calatrava y de Nuestra Señora de la Merced, con sede en Valencia, para sustituir a los Templarios. Su último Gran Maestre desapareció en 1589.

Eran tiempos en que prevalecían los ideales caballerescos, los guerreros vivían como monjes y el sistema feudal aseguraba fidelidades. Había causas comunes con las que comprometerse, que consiguieron formar y unificar naciones. Todo este planteamiento cambiaría a partir del s. XVI y no habría de repuntar hasta la convulsión romántica del s. XIX. Consecuentemente, los elementos del viejo orden fueron despareciendo, lenta pero inexorablemente.

sábado 25 de abril de 2009

Villard de Honnecourt. Un maestro de obras en el s. XIII.

Fol. 10 r. Alzado o elevación de la torre de Laon "Villard de Honnecourt os saluda y ruega a todos aquellos que vayan a utilizar los ingenios recogidos en este libro, que recen por su alma y lo recuerden. Pues en este libro encontraréis gran ayuda en la albañilería y en las máquinas de carpintería, lo mismo que en el retrato, los dibujos, tal como el arte de la geometría lo manda y enseña."

De este tal Villard, nacido en Honnecourt-sur-Escaut, en la Picardía francesa, no hubiéramos sabido nada a no ser por su Cuaderno, cuyo preámbulo encabeza esta entrada. El Cuaderno, que debió de tener 62 folios (cada folio consta de recto y vuelta), tenía ya sólo 41 en el s. XV, y han llegado hasta nosotros 33 folios (66 láminas); es una compilación realizada con fines didácticos para uso de los constructores de la época, como las logias de albañiles que construían las catedrales.

En el s. XIII tuvo lugar en Europa una gran eclosión, una explosión arquitectónica que no ha tenido parangón en ninguna otra época. Fue el momento de la elevación de las grandes catedrales góticas: Bourges, Reims, Chartres, Cambrai, Amiens, Beauvais, Saint-Quentin, etc. En aquel momento, los maestros de obras eran los que planificaban y diseñaban los edificios. Tenían además que garantizar la contratación de las cuadrillas y la adquisición de los materiales necesarios. Los maestros constructores debían tener la habilidad necesaria para cimentar los edificios, levantar el andamiaje y construir las bóvedas y los arcos. Debían tener nociones de dibujo, de su sistema de proporciones, dominar ciertas fórmulas geométricas y reglas numéricas.

El principal secreto del diseño constructivo de la época era la aplicación de un módulo, o dimensión tipo, que se dividía en múltiplos y submúltiplos. Durante la Edad Media se mantuvo como medida el pie romano (0,295 m.), y la mayoría de los edificios importantes se construyeron siguiendo esta medida. Los sistemas más empleados para trazar las plantas y alzados de las obras se denominaban ad quadratum, basado en el cuadrado, y ad triangulum, basado en la aplicación del triángulo equilátero.

Con el tiempo, la figura del maestro de obras se fue dignificando; recibían cuantiosos salarios, eran llamados de lejanas tierras para trabajar y a menudo se recurría a ellos para solucionar problemas técnicos complejos. Ése fue el caso de la construcción de la nave central de la catedral de Gerona en 1416; en aquella ocasión 12 arquitectos acudieron a consultas en la misma reunión.

Fol. 15 r. Planta de dos cabeceras de iglesia, una construida por Villard de Honnecourt y Pierre de Corbie, y la otra perteneciente a Saint-Etienne de MeauxVillard de Honnecourt pertenecía a su tiempo. También viajó, incluso mucho y lejos: "Estuve una vez en Hungría, donde permanecí varias jornadas." Pero sobre todo trabajó cerca de su tierra natal: "He viajado por numerosas tierras, como podréis constatar por este libro; y en ningún otro lugar vi una torre como la de Laon...". Como los maestros de obras de la época, tuvo que investigar, y además trabajar con otros: "He aquí el presbiterio, Villard de Honnecourt y Pierre de Corbie lo idearon, discutiendo entre sí". La discusión, disputatio, era el método de trabajo en la Edad Media; se discutía entre maestro y discípulo, entre profesor y alumno, en el transcurso de todos los estudios, en la práctica e incluso en el arte. El hombre de oficio que era Villard aplica la disputatio con otro maestro con naturalidad. El resultado fue la "double charole" (doble girola), el deambulatorio de la iglesia de Reims que podemos ver en el dibujo.

Fol. 18 r. Bocetos de dibujo. - Virgen sentada. - Ciervo. - Rey sentado - Vareador.
En el Cuaderno, Villard expone unos dibujos con una maestría que envidiarán los artistas de todas las épocas. No se limita sólo a trazar plantas y alzados, maravillosos, sino que dibuja estatuaria, animalarios, se acerca a la carpintería, nos cuenta los "secretos" profesionales ("De este modo se calcula el grosor de una columna que no se ve enteramente...", "De este modo se mide la altura de una torre...", etc.), y se adelanta hasta a los pintores cubistas con una serie de cuerpos o rostros construidos según un esquema geométrico y que se basan en las líneas directrices que aseguran la armonía ("Tratarlo todo mediante el cilindro, el cono o la esfera"). Curiosamente, aunque diseñó magníficos rosetones y vidrieras, no utiliza el color ni una sola vez en su Cuaderno.

En el transcurso de sus viajes, Villard de Honnecourt debió tener ocasión de hojear gran número de manuscritos técnicos y científicos de la Antigüedad que circulaban por Europa, como los Elementos de Euclides, De Mensura Circuli de Arquímedes, la Neumática de Herón de Alejandría -dibujó un pájaro mecánico descrito en el XII Problema de este autor- o el Tratado del arte militar de Veguecio. Probablemente también conociera ciertas obras de sabios árabes traducidas en Sicilia y Toledo en el s. XII, como las de Al-Khwarismi, Rhazes, Al-Hazen o Avicena, de alguna de las cuales sacará la descripción de un mecanismo de movimiento continuo que dibuja en su Cuaderno. Por cierto, se adelantó en dos siglos a Leonardo da Vinci -con quien tiene en común la pasión por la mecánica-, cuya solución al movimiento continuo es exacta a la de Villard de Honnecourt.

Fol. 23 r. Ingenios e instrumentos diversos. - Máquina para cortar pilotes bajo el agua. - Enrayado de rueda. - Puntal para enderezar una casa inclinada. - Modelo de ensamblaje de vigas de maderas cortas.Entre los dibujos del Cuaderno, podemos encontrar estudios diversos en los que a menudo fue por delante de su tiempo: una sierra hidráulica, un trabuco, un elevador, un ángel mecánico, un águila mecánica, un pájaro mecánico, un calientamanos "bueno para un obispo", el arco de Villard, etc. También podemos encontrar dibujos geométricos, plantillas y escantillones, la descripción de los instrumentos y normas de uso, recetas de geometría práctica, técnicas de aprovechamiento de la madera, curiosidades y problemas arquitectónicos, etc.

En realidad lo que Villard de Honnecourt dejó plasmado en su Cuaderno fue el pensamiento de su época, los esfuerzos para avanzar en la resolución de los innumerables problemas que se planteaban a los constructores de todos los niveles. Y ante la simplicidad y rusticidad de los medios y "trucos" empleados, uno no puede por menos de sentir admiración hacia aquellos que fueron capaces de levantar esas incomparables catedrales góticas que todavía hoy desafían el paso de los siglos.

martes 31 de marzo de 2009

Benjamín de Tudela. Un viajero español en el Medievo.

El jardín del Viejo de la Montaña. Miniatura de un manuscrito del s. XV de El Millón de Marco Polo.Marco Polo figura en el acervo popular como el viajero medieval por excelencia. Este veneciano del s. XIII acompañó a su familia en los que fueron los viajes más conocidos de la historia gracias a la publicación de su “Libro de las maravillas”, llamado también “Il milione”, relato de sus avatares. Es éste un libro que más parece de aventuras que de viajes, y de la autenticidad de sus noticias la crítica tiene dudas más que razonables.

Por supuesto, no fue el único transeúnte en la Edad Media. Antes y después de él multitud de viajeros aventuraron sus vidas y haciendas por distintos motivos. Las rutas, siempre complicadas, eran surcadas por peregrinos a los Santos Lugares -cristianos o musulmanes-, comerciantes en busca de lejanas mercancías, diplomáticos en misión oficial, etc. Y nunca se contaba con la certeza de regresar sano y salvo.


Recordemos, entre otros, a los protagonistas de la curiosísima Fazienda de Ultramar, del s. XIII; el Libro de Juan de Mandeville, caballero, el cual habla del estado de la Tierra Santa y de las maravillas que allí vio, de 1356; el Libro del conoscimiento de todos los reynos y tierras que son por el mundo e de las señales e armas que han cada tierra e señorío, anónimo castellano, franciscano, de mediados del s. XIV; y por supuesto, la Embajada a Tamerlán, que escribió Ruy González de Clavijo entre 1406 y 1412, de que hablaremos en otra entrada.
Cinocéfalos, del Libro de las Maravillas de Marco Polo. Cuál fue la intención de Benjamín b. Yonah de Tudela cuando inició su viaje se desconoce, pero se adelantó en más cien años a todos los anteriores. Pertenecía a la comunidad judía de Tudela, en el país de Navarra, y algunos suponen que era rabí. Se convirtió en el viajero judío más importante de la Edad Media cuando en 1159 -según unos-, o en 1167 -según otros-, emprendió un larguísimo viaje por casi todo el orbe conocido, del que regresó en 1172-1173.

Algunos estudiosos dicen que el viaje fue un encargo de su comunidad para realizar una especie de censo demográfico del pueblo judío extendido por los diversos territorios en que estuvieran establecidos. Hay quien opina que el viaje se hizo para detectar el estado de las relaciones políticas entre el mundo cristiano y el musulmán, y estudiar rutas comerciales entre los distintos pueblos. El mismo Benjamín de Tudela se interesa más de una vez por el comercio de las piedras preciosas y semipreciosas, por las telas lujosas y las especias. Y a cada uno de estos motivos parece responder.
Situación étnico-política del mundo descrito en el Séfer - Masa'ot de Benjamín de Tudela (s. XII), según César Emilio Dubler.
Sea como fuere, a su vuelta, Benjamín de Tudela redactó su Séfer-Masa’ot o Libro de Viajes, en hebreo, bajo la forma de un itinerario. Pero es mucho más que eso; las noticias que nos da podrían encuadrarse tanto dentro de los cronicones de la época, como de los compendios geográficos, o de los ensayos costumbristas de etnias y religiones, porque de todo ello hay.

Un anónimo prologuista del libro inicia éste con el siguiente párrafo: “Éste es el libro de viajes que redactó R. Benjamín bar Jonás, del país de Navarra. R. Benjamín salió de su lugar, de la ciudad de Tudela, y marchó y fue a muchos países lejanos, tal como relata en su libro; en cada lugar que entró escribió todas las cosas que vio y oyó de boca de hombre veraces, que no habían sido oídas en tierras de España. De este modo hace mención de algunos sabios y príncipes de cada lugar. Y trájose consigo este libro a su regreso a tierras de Castilla en el año cuatro mil novecientos treinta y tres.” (El año está expresado según el calendario hebreo.

Itinerario de Benjamín de Tudela.Comenzó el viaje en su Tudela natal y, bajando el curso del río Ebro, llegó a Tortosa, donde emprendió camino hacia Provenza. Penetró luego en Italia por el norte y llegó a Roma, de la que hace una fantástica descripción. Iba de aljama en aljama, acogiéndose siempre que podía en el seno de comunidades judías. Por el estrecho de Otranto cruzó a Grecia. Bordeó la península balcánica y llegó a Constantinopla. A continuación navegó por las islas del Mar Egeo, y desde Chipre pasó a tierra en la península de Anatolia, desde donde se dirigió a los Santos Lugares. Su descripción del estado de cosas en la Palestina de la época es un documento insustituible. Se dirigió luego hacia el norte, pasando por Damasco. Un periplo por el desierto sirio le llevó a conectar con el valle del Tigris hasta llegar a Bagdad, que sería el centro de sus viajes por la Baja Mesopotamia. Todo lo que nos cuenta sobre Arabia, las islas de Ceilán, Quilón, China y sus leyendas debió de oírlo Benjamín de Tudela a terceras personas, y es menos que probable que alcanzase tan lejanas latitudes. El relato cobra nuevo realismo cuando llega a tierras egipcias (El Cairo, Alejandría, Damietta), desde donde pone proa a Sicilia y continúa, vía Roma, hacia Alemania y París, donde acaba bruscamente la narración.
Itinerario de Benjamín de Tudela en Palestina, según Haim Beinart.
El relato de tan extenso viaje está trufado de datos interesantísimos sobre las comunidades judías que visitó: la condición social de sus hermanos, sus oficios, la situación cultural y religiosa, las comunidades heréticas (epicúreos de Chipre, caraítas y samaritanos).

Sin ser un tratado geográfico, el Séfer Masa’ot contiene datos muy útiles sobre la geografía urbana de grandes ciudades como Roma, Constantinopla, Jerusalén, Bagdad, Alejandría, etc. Describe la orografía de los distintos territorios (todos los montes bíblicos, los montes de Valaquia, el misterioso volcán de Montpellier, las Puertas de Hierro que permiten el acceso al país de Alania…). Se fija en la hidrografía de los lugares por los que pasa (los ríos Ebro, Sena, Tíber, Rhin, los ríos bíblicos, los mares –Último, de España, de Grecia, de Rusia, de la India, Helado-). Enumera multitud de islas (Sicilia, Corfú, Mitilene, Chíos, Samos, Rodas, Creta, Chipre, Qis, Berig).Itinerario de Benjamín de Tudela en el Imperio Selyuquí (Siria y Mesopotamia, según Haim Beinart.
No siendo tampoco un tratado de medidas, el libro nos da detalle de las velocidades que se podían alcanzar en la marcha: 60 km. diarios los viajeros experimentados en lugares abiertos; 40 km. los prelados o nobles con séquito; por vía marítima, de 150 a 200 km. con viento favorable; en ríos, de 40 a 50 km. según sea a favor o en contra de la corriente. Para calcular las distancias entre ciudades, utiliza las jornadas de marcha o los días de navegación, aunque también usa en otras circunstancias la parasanga o milla persa (legua), la milla, el codo y el palmo. En cuanto a las monedas, habla de piezas de oro en Constantinopla, de amirí de oro en Amadia, de talentos de oro en Persia... Y de forma similar un largo etcétera de precisiones sobre costumbres, comercio, política, etnografía…

Es así, con relatos como el escrito por Benjamín de Tudela, de la manera que el hombre medieval comenzó a conocer algo más aparte del terreno que pisaba a diario. El valor descriptivo de este tipo de narraciones era indispensable para la preparación de viajes y rutas comerciales, y los viajeros auténticos descubridores.